Donald Trump amenazó hoy a Toyota con la imposición de aranceles si invierte en México


El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó hoy a Toyota con la imposición de aranceles si el fabricante japonés construye una nueva planta de montaje de vehículos en México, una advertencia similar a la que ya lanzó contra otras empresas como General Motors, Ford y Carrier.
"Toyota Motor dice que construirá una nueva planta en Baja, México, para producir autos Corolla para los Estados Unidos. ¡DE NINGUNA MANERA! Construya la planta en Estados Unidos o pague un gran arancel aduanero", escribió Trump en su cuenta de Twitter.

En abril de 2015, Toyota anunció su intención de invertir 1.000 millones de dólares en México para construir una nueva planta, en el estado de Guanajuato, en la que se ensamblaría los autos Corolla.

Este modelo es el segundo más vendido en Estados Unidos en el segmento de autos compactos y hasta ahora era producido en plantas de Misisipi, en el país, y en Cambridge, en la vecina Canadá.

Hace unos días, ante la acumulación de amenazas de Trump contra empresas que inviertan en el exterior para construir productos que luego venderán en Estados Unidos, Toyota había dicho a los medios: "Consideraremos nuestras opciones a medida que vemos qué políticas adopta el presidente electo".

Durante la campaña presidencial, Trump lanzó sistemáticamente advertencias poco veladas a las grandes empresas que en las últimas décadas han achicado sus operaciones y sus plantas en Estados Unidos y se han mudado a otros países, en donde los costos son menores y las reglas de producción más limitadas.

El magnate inmobiliario devenido en líder político prometió que, cuando llegara a la Casa Blanca, impondría un arancel aduanero de 35% a todos los productos importados de empresas asentadas en el país que tuvieran su producción en el extranjero.

El primero de diciembre, apenas tres semanas después de ganar las elecciones, Trump anunció su primer gran acuerdo en línea con sus propuestas proteccionistas en el estado de su vicepresidente, Mike Pence: la empresa Carrier suspendía sus planes de cerrar una planta en el estado de Indiana y relocalizarla en México, a cambio de recibir incentivos estatales de 7.000 millones de dólares a lo largo de los próximos 10 años.

Ese día Trump y Pence visitaron la planta de Carrier en Indiana y el primero lanzó una nueva advertencia, esta vez como presidente electo.
"Las empresas no se van a ir de Estados Unidos nunca más sin consecuencias. No podemos permitir que ocurra esto con nuestro país. Hay muchísimos empleos saliendo de Estados Unidos y trasladándose a otros países", aseguró el magnate frente a los trabajadores de la planta.

Desde entonces, Trump cuestionó públicamente -la mayor parte de las veces a través de Twitter- varias licitaciones públicas y decisiones de grandes empresas de reubicar sus negocios o ampliar su producción fuera del país.

Apuntó contra la principal automotriz de Estados Unidos, General Motors, y luego se congratuló cuando la segunda empresa de este sector en el país, Ford, anunció que cancelaba una millonaria inversión en México.

Ford negó cualquier acuerdo con Trump; sin embargo, su decisión quedó vinculada en la prensa a las constantes amenazas del presidente electo.

A 17 días del traspaso de poder, Trump sigue defendiendo a viva voz una política proteccionista y, por momentos, anti globalización, aunque paralelamente también reivindica la disminución del costo de trabajo y la reducción de reglas y normas para "hacer más competitiva" la producción nacional, un planteo que preocupa a los sectores más progresistas que denuncian un posible proceso de precarización laboral.

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