EE.UU: El fiscal Sessions negó haber tenido contactos con Rusia para influir en las elecciones

El fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, negó hoy rotundamente haber mantenido encuentros con funcionarios rusos para influir en el resultado de las elecciones presidenciales de noviembre de 2016, que llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca.
"Nunca me reuní ni tuve ninguna conversación con ningún funcionario ruso o con ningún funcionario de ningún gobierno extranjero para influir en las elecciones de Estados Unidos", aseguró Sessions al comparecer ante la Comisión de Inteligencia del Senado, que investiga la presunta injerencia rusa en las últimas elecciones.

El fiscal general, que fue un asesor cercano de Trump durante la campaña electoral, sostuvo que "cualquier sugerencia" en ese sentido "es una mentira espantosa y detestable".

Además, contradijo los dichos del ex director del FBI James Comey, quien la semana pasada lo mencionó en una audiencia ante la misma comisión.

Comey relató que en su primer encuentro privado con Trump el mandatario lo había presionado para retroceder en la investigación sobre el Rusiagate y, que al salir del Despacho Oval, le suplicó a Sessions que nunca vuelva a dejarlo a solas con el presidente.

Comey dijo que Sessions no le respondió.

Sin embargo, el fiscal explicó que probablemente Comey "no lo recuerda", pero él respondió a su comentario aceptando que "el FBI y el Departamento de Justicia debían tener cuidado de seguir la política del departamento con respecto a los contactos apropiados con la Casa Blanca".

En una encendida defensa de sí mismo ante sus ex compañeros, el ex senador por Alabama rechazó las acusaciones de haber mentido en su audiencia de confirmación ante la Cámara Alta, al ser consultado sobre sus lazos con los rusos.
"Mi respuesta fue justa y correcta frente a las acusaciones tal como las entendía", argumentó el astuto fiscal, que en su audiencia de confirmación ante el Senado, en febrero pasado, evitó mencionar sus encuentros con el embajador ruso en Washington, Serguei Kislyak, porque los había mantenido en su calidad de asesor del candidato y no como funcionario del gobierno.

Además, aseguró que se excusó de participar en la investigación sobre el Rusiagate "no por haber cometido una mala conducta durante la campaña sino por las regulaciones del Departamento de Justicia".

Sin embargo, el paso al costado de Sessions llegó días después de que la prensa revelara sus encuentros con Kislyak.
Los senadores también le preguntaron sobre un presunto tercer encuentro con el embajador ruso en el hotel Mayflower en abril de 2016.

Sessions negó firmemente haberse reunido en privado con Kislyak en ese evento, al que reconoció haber asistido junto decenas de personas entre las que posiblemente haya estado el embajador ruso, aunque dijo no recordar si se habían visto, informó la agencia de noticias EFE.

La audiencia de Sessions se produjo el mismo día en que otra comisión, la de Gastos, citó al secretario de Estado, Rex Tillerson, para interrogarlo sobre el impopular recorte de presupuestos de Trump.

Sin embargo, la trama rusa sobrevoló la audiencia del ex CEO de la petrolera Exxon Mobil.

Preguntado por la relación con Rusia, Tillerson aseguró que está "en su punto más bajo de la historia y se está deteriorando aún más", por lo que hay que "estabilizarla".

Por eso, se mostró algo escéptico con el acuerdo bipartidista alcanzado ayer en el Senado para imponer nuevas sanciones a Rusia por sus "actividades cibernéticas maliciosas" y sus acciones en Siria, que podría ser votado esta semana en la Cámara Alta.
"Nos gustaría tener la flexibilidad de aumentar la presión cuando queramos en nuestros esfuerzos con Rusia (...). No queremos cerrar los canales en los que estamos empezando a hablar" para rebajar tensiones, afirmó Tillerson.

El secretario de Estado también delineó los objetivos de los cambios que el gobierno estadounidense planea hacer a su política hacia Cuba, tres días antes de que el presidente haga un anuncio en Miami sobre la política de acercamiento a la isla iniciada en 2014 por el ex presidente Barack Obama.
"No queremos seguir apoyando financieramente a un régimen que, hasta donde sabemos, no ha hecho ningún cambio en su postura o su comportamiento" en materia de derechos humanos en la isla, dijo Tillerson.

Sin entrar en detalles sobre las medidas que anunciará Trump, el titular de Relaciones Exteriores aseguró que el presidente quiere "permitir que la actividad comercial y de intercambio con Cuba continúe todo lo posible", porque reconoce "los beneficios para el pueblo cubano".

Pero también quiere asegurarse de que esa actividad comercial no proporciona "apoyo financiero" al gobierno cubano, algo que, a su juicio, viola "la intención de la ley Helms Burton" de 1996, que obliga a Estados Unidos a mantener las restricciones económicas a Cuba hasta que la familia Castro abandone el poder, entre otras condiciones.

Uno de los cambios que baraja la Casa Blanca, según fuentes cercanas al proceso de deliberación, sería la prohibición a las empresas estadounidenses de negociar con entidades vinculadas al Ejército de Cuba, algo que encajaría con el objetivo marcado por Tillerson de evitar que el gobie

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