"Apátrida, 200 años y unos meses", funciones gratuitas en el Auditorio del Museo Nacional de Bellas Artes

La obra estrenada en 2010, y repuesta del viernes al domingo a las 20.30, da cuenta de un encarnizado intercambio de ideas entre Schiaffino y Auzón que ocurrió en Buenos Aires a fines de 1891, con un trágico desenlace.
La dinámica de la puesta cruza los dichos de los personajes, recogidos en la investigación de la historiadora Viviana Usubiaga, con palabras del dramaturgo, para trazar una suerte de monólogo capaz de reflejar los dos discursos, con sus silencios y preguntas eternas acerca del devenir de las producciones culturales de este lado del mundo.
"El texto encuentra en el Museo una caja de resonancia emocional e histórica tremendamente conmovedora; en el título me refiero a 200 años y pasaron sólo 120 de la inauguración del espacio donde haremos las funciones", precisa Spregelburd en charla con Télam.
Consultado sobre la vigencia de aquellas discusiones, el autor afirmó que "tienen la misma actualidad que al momento del estreno: la puesta plantea preguntas como quiénes deciden a qué llamamos patria, o qué elementos conforman un Estado, qué es la autonomía a nivel simbólico".
La puesta fue adaptada para el espacio del Auditorio del Bellas Artes, pero solo "en sus aspectos formales, para revivirla durante algunas noches. Pero el texto y las intervenciones musicales de Federico Zypce, complejas al trabajar con pedazos de hierro, motores y sin afinación natural se respetan".
Las ideas apasionadas de Auzón, crítico profesional e ignoto pintor de marinas, afincado aquí desde hacía más de 20 años, el "apátrida", y las de Schiaffino, defensor de la posibilidad de un arte nacional, creador y director del Museo, construyen una obra estremecedora que podrá verse con entrada gratuita como parte de la grilla de actividades festivas por el aniversario del Museo creado por "el nacionalista".
"Schiaffino -continúa Spregelburd- es el primero en advertir que hasta que no exista circulación interna y una carga simbólica libre de los imperios, no habrá una estado con autonomía. Los modelos de belleza siguen viniendo de Europa, recordemos que en aquel momento las familias ricas compraban cuadros allá como blasones de poder".
De todos modos "Apátrida", según el dramaturgo, "es un espectáculo conflictivo: toma el discurso del villano (Auzón), se aleja de lo bien pensante y muestra aspectos dolorosos, perversos".
Andrés Duprat, arquitecto y cineasta al frente del Bellas Artes, dirigió a Spregelburd en "El hombre de al lado" en 2009, y desde entonces, "la excelente relación que ya teníamos se incrementó".
"Se me ocurrió -continúa el director del Museo- reponer 'Apátrida' en el Auditorio como celebración de los 120 años, porque aborda cuestiones de la vida de su fundador Schiffiano, aborda una discusión vital sobre el arte y porque la obra resulta magnífica", detalló a Télam.
"La idea -continúa- del Museo es fomentar el diálogo entre las artes visuales y el teatro, además de sumar a otras disciplinas, se trata de abordar acciones sinérgicas con otros emprendimientos culturales".
Dentro de esa línea de fomentar el intercambio entre las artes, el Museo "continuará con un rol importante en la Bienal de Performance, el cruce conforma una modalidad contemporánea con una dinámica capaz de convocar a otros públicos".
Como parte de las actividades especiales por los 120 años, en el Bellas Artes también puede verse "El nervio óptico", una puesta en escena de Analia Couceyro sobre la novela de María Gainza, el martes 20 y el miércoles 21 de este mes, "una visita guiada, una intervención performática, un recorrido junto a a actores, público y obras de arte".
"Apátrida, 200 años y unos meses" tendrá funciones el viernes, sábado y domingo en el Auditorio de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes (Figueroa Alcorta 2280, CABA) a las 20.30.
Las entradas se retiran una hora antes del comienzo del espectáculo por la capacidad limitada del espacio