La Pampa: El Frigorífico Pico presentó el concurso de acreedores

Los propietarios del Frigorífico General Pico S.A., Ernesto y Alan Lowenstein, informaron que la empresa se vio obligada a iniciar un proceso de concurso preventivo de acreedores. Según detallaron en un comunicado, La medida busca "blindar" la continuidad de la empresa y proteger las fuentes de trabajo tras el fracaso de las negociaciones con inversores europeos. Según la conducción, la imposibilidad de llegar a un acuerdo no se debió a falta de interesados, sino a la postura de un grupo financiero que actúa como accionista y acreedor a la vez.

Desde el frigorífico denunciaron que este grupo acreedor obstaculizó sistemáticamente propuestas que habrían saneado las cuentas de la firma. Entre las alternativas que fueron descartadas por dicho sector se encontraban:

Esquema de leasing: Un plan a ocho años por una cifra cercana a los 40 millones de dólares.

Pago contado: Ofertas de resolución inmediata mediante cancelación en efectivo.

Planes de explotación: Propuestas de terceros para operar la planta a largo plazo.

"Este grupo priorizó el recupero de su crédito por sobre el interés social y la operatividad de la planta", sentenciaron los Lowenstein, remarcando que los acreedores conocían la situación financiera pero no presentaron soluciones superadoras.

El activo estratégico: La planta de Trenel

A pesar de la crisis financiera, la empresa destacó que el patrimonio de la compañía se mantiene sólido gracias a las inversiones de vanguardia realizadas en los últimos años.

Infraestructura: El principal activo es la planta de Trenel, que cuenta con equipamiento de última generación y todas las habilitaciones internacionales para exportar.

Los socios subrayaron que han sostenido el desarrollo de la firma comprometiendo, incluso, su propio patrimonio personal para evitar el colapso.

Con la apertura del concurso preventivo, Frigorífico Pico entra en una etapa de ordenamiento judicial. Los objetivos inmediatos comunicados por la dirección son reactivar la operación productiva en el corto plazo bajo el nuevo marco institucional, preservar las fuentes de empleo, fundamentales para la economía del norte pampeano, y mitigar el impacto social que una eventual parálisis generaría en la región.

La empresa aseguró que informará periódicamente los avances del proceso judicial, mientras busca una salida ordenada que permita poner nuevamente en marcha la maquinaria de uno de los emblemas cárnicos de la provincia.

La crisis del Frigorífico General Pico

Lo de Frigorífico General Pico no fue un quiebre súbito, sino un deterioro que se fue incubando durante meses hasta romper la ecuación económica de la planta. Primero apareció en la caja y después se trasladó de lleno a la operación. A comienzos de año, la compañía ya había suspendido a unos 450 trabajadores, reducido la actividad a una guardia mínima y dejado a sus plantas funcionando a un nivel casi testimonial.

El contraste con su escala reciente expone la magnitud del derrumbe. Hasta hace no mucho, la empresa había llegado a faenar unas 600 cabezas diarias y proyectaba incluso escalar hasta 800 animales por día. Todavía durante el último año había procesado más de 96.000 cabezas, una dimensión que la ubicaba como un actor relevante dentro del mapa frigorífico pampeano. Pero ese volumen empezó a desarmarse a medida que se agotó el financiamiento y se trabó la operatoria.

En el tramo final de la crisis, la faena cayó a niveles cercanos a 50 animales diarios, un volumen completamente insuficiente para sostener una estructura industrial de ese tamaño. Con ese nivel de actividad, la empresa ya no lograba cubrir costos fijos, salarios, mantenimiento ni compromisos corrientes. El frigorífico quedó así atrapado en una lógica de deterioro clásico: cuanto menos operaba, más se encarecía sostenerlo; y cuanto más se encarecía sostenerlo, menos margen tenía para volver a operar.

Ese desplome no respondió sólo a una baja de ventas o a un problema comercial puntual. También pesaron la falta de capital de trabajo, la imposibilidad de renovar financiamiento, la presión de acreedores y la pérdida de ritmo en un negocio que requiere volumen constante para sostener márgenes. La caja dejó de alcanzar mucho antes de que la estructura industrial perdiera valor.

La crisis además golpeó de lleno sobre el frente laboral. Con el correr de las semanas, la compañía avanzó con el despido de unos 200 trabajadores, mientras otros empleados quedaron bajo fuerte incertidumbre respecto del cobro de salarios, indemnizaciones y la continuidad misma de las plantas. En paralelo, la empresa ya arrastraba atrasos en aportes previsionales y de obra social desde fines del año pasado.

La salida de segmentos ligados a exportación también funcionó como una señal de alarma. Entre ellos, el repliegue de la operatoria kosher, clave para negocios con destino a Israel, terminó de mostrar que el problema ya no era transitorio. A esa altura, General Pico ya no atravesaba una simple baja de actividad: empezaba a perder piezas centrales de su esquema operativo y comercial.

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